Dime qué banner ves y te diré quien eres

¿Fue Steven Spielberg el Julio Verne de la publicidad? Si hace 11 años disfrutaste con el estreno de Minority Report, seguro que tu respuesta es SÍ:

Y es que en cierta manera, aquellas vallas con lectores de retina que reconocían al protagonista y le proyectaban un mensaje personalizado, en los actuales entornos digitales son ya una realidad:

Adwords, Display, Remarketing, Lead Nurturing… El objetivo final es impactar con el mensaje adecuado a la persona adecuada y en el momento adecuado para fomentar la compra de un producto o servicio.

Bien utilizados, estos formatos publicitarios pueden ser acogidos con buenos ojos por los potenciales compradores de una marca (evitando el intrusismo recibiendo mensajes a su medida, y de productos y/o servicios de su interés). Pero mal utilizadas, puede provocar lo siguiente:

remarketing

¿Me están espiando? ¿Qué saben de mí? ¿Tienen mis datos personales?… ¡¡¿Saben dónde vivo?!! Si quieres evitar que tus usuarios se hagan estas preguntas cuando vean tus campañas a través de estos canales, ten en cuenta estas 5 premisas:

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Cómo crear un código QR que valga más que 1.000 palabras

En campañas de publicidad, en envases de producto, en tarjetas de visita, en los carteles de pisos en venta… Sin duda alguna, esta imagen se ha convertido en un elemento habitual de nuestro día a día:

A la Guillotina QR

Generar un código QR es tan fácil (el que ves en la imagen lo acabo de hacer ahora… ¿adivinas a dónde redirige?) que ya se ha convertido en el principal vehículo para trasladarnos de un soporte físico a un entorno virtual con una simple captura de imagen.

Pero… ¿Todos los códigos QR nos aportan un valor real?

Para dar respuesta a esta pregunta deberíamos tener en cuenta, al menos, estos 5 conceptos:

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¿Dónde has metido tu producto?

“¡¡Ay va!! ¡¡Los Donnuts!!”

Que levante la mano quien alguna vez, enfrascado en tratar de alcanzar los objetivos (o KPIs) de su plan de marketing o ofrecer servicios de valor a un determinado público, en el momento de lanzar una acción de marketing relacional no ha pensado: “¡¡Ay va!! ¡¡El producto!!”

Y es que en muchas ocasiones, la obsesión por poner foco en el consumidor e intentar aportarle valor con incentivos o servicios de todo tipo, nos lleva a crear entornos digitales tremendamente participativos, pero altamente estériles para nuestros intereses comerciales. Cuidado, podemos estar provocando a nuestros usuarios el “síndrome del paquete vacío”:

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