Este año he decidido llegar puntual al trabajo por las mañanas y, de esta manera, salir un poco más temprano por las tardes.🙂

Este buen propósito que podría parecer tan simple, se complica enormemente cuando dependes de 2 pequeñas personas de 7 y 4 años cuyo objetivo cada mañana es “dormir un poco más”.😦

Pese a ello, ¡lo he conseguido!

  • He reducido en un 80% el tiempo que tardan mis hijos en salir de la cama.
  • He conseguido que se vistan solos en menos de 5 minutos.
  • He inculcado una dinámica de rutinas diarias que se cumplen al 100%.
  • He llegado cada día 15 minutos antes al colegio (respecto al año anterior).
  • He cambiado los lloros y ruegos por sonrisas y besos.
  • ¡Y atención! con resultados desde el primer día de curso.

Todo ello gracias a la Gamificación.

El empleo de mecánicas de juego en entornos y aplicaciones no lúdicas permite potenciar la motivación, la concentración, el esfuerzo, la fidelización y otros valores positivos comunes a todos los juegos. Se trata de una nueva y poderosa estrategia para influir y motivar a grupos de personas.

Los resultados saltan a la vista. Si quieres saber cómo lo he conseguido sigue leyendo este artículo:

Como te puedes imaginar lo que he hecho es convertir en un juego las rutinas que mis hijos deben cumplir cada mañana: despertarse, salir de la cama, vestirse, lavarse los dientes, desayunar… Para ello les planteo retos diferentes: les marco un tiempo concreto que deben cumplir, les escondo algunas cosas para que jueguen a buscarlas… ¡incluso tenemos una pizarra con los puntos conseguidos!

Durante estos días en los que he aplicado la gamificación he aprendido 5 cosas que se pueden extrapolar a cualquier actividad en la que se necesite mejorar los resultados. Te las resumo a continuación:

Ante todo, buen humor

No creo que sea posible implementar una dinámica de gamificación con éxito sin que sus impulsores no se lo hayan pasado bien llevándola a cabo.  Así que piensa en algo que realmente quieras hacer. Algo que a ti te resulte divertido preparar. Es la mejor forma de motivar a tus interlocutores y conseguir resultados de inmediato.

En mi caso, cada mañana antes de despertar a mis hijos me divierto escondiéndoles la ropa que se tienen que poner, los zapatos y el cepillo de dientes. Además, les preparo pistas y pienso en qué recompensa les ofreceré. ¡Me lo paso genial!

Sorprende

Una vez tengas una dinámica montada cambia las reglas de vez en cuando o introduce retos intermedios con pequeñas recompensas. No hacen falta grandes cambios, a veces con pequeños ajustes es suficiente. Por ejemplo, la pasada semana dividí la prueba en 2 fases: si conseguían el primer reto tenían derecho a un incentivo extra.

Con estas modificaciones evitarás la monotonía y el aburrimiento (tus grandes enemigos).

Plantea un reto asumible

Un gran aprendizaje es entender que, sea cual sea el reto que plantees, SIEMPRE debe ser realizable. No cometas el mismo error en el que yo caí:

Durante mi primera semana me surgió la curiosidad de saber hasta que punto eran efectivas estas dinámicas. Así que un día quise que fueran tan rápido en realizar sus tareas que la actividad resultó demasiado difícil de conseguir.

No funcionó. El ejercicio se realizó con demasiado estrés, no se lo pasaron bien, no consiguieron el reto y, el día siguiente, tuve que volver a convencerlos para que lo realizaran. De una tacada perdí todo lo que había conseguido.

Sube de nivel

Por contra, mi siguiente error fue ir al extremo contrario.

Como temía volver a complicar demasiado mis pruebas, las mantuve demasiado tiempo en el mismo nivel de dificultad. Esto provocó que cada vez consiguieran sus objetivos con menos esfuerzo y, poco a poco les resultó más aburrido participar.

Así pues, me di cuenta de que era el momento de subir un poco el nivel de dificultad. La motivación volvió a crecer de nuevo y el juego continuó siendo divertido.

En resumen, lo más importante y quizás lo más difícil es mantener un flujo lúdico apropiado.

Ofrece una recompensa adecuada

Crear una dinámica divertida y apetecible debería ser suficiente para activar la participación de cualquier interlocutor. Pero si además ofreces una recompensa por conseguir el reto, los resultados se multiplican.

Una recompensa no tiene porque ser un premio físico, un regalo o una golosina (no negaré que también las he utilizado en alguna ocasión). También puedes crear recompensas intangibles: medallas por conseguir el reto, una tabla con puntos, o sumar más tiempo para realizar la prueba del día siguiente (a mi me ha funcionado también así).

Motiva jugando con el tiempo

Uno de mis principales objetivos cada mañana es salir de casa con el tiempo suficiente para llegar puntual al trabajo. Para mí es un factor crucial.

Lo que he descubierto con ello es que delimitar un tiempo determinado para realizar una actividad hace que la dinámica sea mucho más retadora y atractiva para tus interlocutores. Cuando algo no es para siempre, sino que tiene fecha de caducidad, apetece mucho más llevarla a cabo cuando antes. Así que… ¡Siempre que plantees un reto marca un tiempo máximo para conseguirlo!

Espero que te lo hayas pasado tan bien leyendo este artículo como yo escribiéndolo. Si quieres saber más sobre estas dinámicas, te aconsejo leer otro de mis artículos aquí. Y si quieres comentar algo, no te cortes, a continuación puedes hacerlo.

2 comentarios en “Cómo he conseguido gracias a la gamificación levantar de la cama a mis hijos sin llegar tarde al trabajo

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