¿Qué tienen en común un iPod, una botella de Coca-Cola, una libreta Moleskine y unas zapatillas Adidas? Aparentemente nada, pero lo cierto es que inexplicablemente todas estas marcas nos despiertan buenas vibraciones y una atracción irresistible… Si sientes algo parecido cuando ves el logotipo de una marca, no hay duda, estás delante de una lovemark.
Por más cursi que pueda sonar, según Kevin Roberts, CEO de Saatchi & Saatchi, el amor es lo que hace que un consumidor prefiera una marca sobre otra. Una idea romántica, pero tremendamente vigente y cargada de argumentos y hechos tangibles que la avalan (y que a mí personalmente me seduce enormemente). Es más, en su libro “Lovemarks, el futuro más allá de las marcas”, se describen 3 ingredientes fundamentales para que una marca sea percibida como una lovemark: Misterio, debe haber sueños, mitos, símbolos y metáforas en la historia que transmite; Sensualidad, debe provocar sensaciones y conectarse con los sentido; e Intimidad debe percibirse compromiso, empatía y pasión.
Pero años después de la formulación magistral de esta teoría… ¿Podemos ir un poco más allá? ¿Podemos añadir algún ingrediente más?
